domingo, 6 de marzo de 2011

Reseña de "Pan-Rea'n - La Partida" en el blog de Laura Frías







PAN-REA’N (LA PARTIDA)

Autor
: Roberto Díaz Hompanera
Páginas: 383
ISBN: 9788493540432
Formato: rústica con cubiertas
Tamaño: 13x20 cm
Editorial: Ediciones Oblicuas










Sinopsis: El mundo de Pan-rea’n está en peligro de desaparición. Sus dioses han decidido que ya ha llegado el momento de que se cumpla la Profecía.
Los encargados de llevarla a cabo serán unos seres, los humanos, que hacía muchos milenios habían sido desterrados a otro mundo muy lejano, la Tierra, para purgar su pecado de soberbio y ansias de poder.
Pero aprender a vivir en ese nuevo mundo no es nada fácil, pues se encontrarán con seres que sólo conocían en las leyendas y cuentos que les explicaban de pequeños.
Y, además, la soledad es tan mala compañera…


Opinión personal: Es un libro que me ha gustado bastante, con una trama muy novedosa y que te engancha desde prácticamente el principio. Desde el primer capítulo sentía que me faltaba algo, que parte de la historia se me escapaba. Y es que en mi eterno despiste no me había dado cuenta de que es el segundo libro. Eso sí, os digo que se puede leer de forma independiente, yo lo he hecho, pero se entiende mejor si te has leído el primero antes, claro. Pero por más que buscaba no le encontraba por ningún lado y por fin logré contactar con Roberto, quien me lo mandó rápidamente y ¡dedicado! Desde aquí se lo quiero agradecer y me alegro mucho de haber tenido tanta suerte.
Volviendo al libro, decir que los escenarios creados me han encantado, están llenos de matices que hacen que te les imagines al segundo. Lo mismo pasa con los personajes, creados de un modo maravilloso, haciendo que nos encariñemos (o no, dependiendo del susodicho) de ellos rápidamente.
Las escenas están narradas de forma espectacular, crenado un rápido ritmo de lectura que nos transporta a un mundo paralelo con el que acabaremos disfrutando y del que no querremos volver.
Le bajo la nota por dos razones: en el principio del libro encontramos un lenguaje coloquial que no me ha acabado de gustar, si bien es cierto que se circunscribe a los primeros capítulos, cuando los protagonistas se encuentran en un ambiente familiar relajado. La segunda razón es que hay un par de veces que se usa el catalán sin que aparezca traducción alguna. Son pequeñas frases y se pueden sacar más o menos por el contexto, pero creo que es algo que deberían subsanar para siguientes ediciones.
Por lo demás, es un libro muy bueno que no dudo en recomendaros ya que pasareis un rato muy agradable leyéndole.


Autor: Roberto Hompanera nació en San Pedro Mallo-Toreno (león) y lleva como maestro veintitrés años en Sant Andreu de Llavaneres (Barcelona). Descubrió el paraíso de Canet de Mar, donde lleva viviendo unos cuantos años. Allí encontró la tranquilidad que no tenía en la gran ciudad, Barcelona. Es aficionado a la música eavy metal. Otra de sus grandes aficiones es escribir: tiene, aunque no publicados, más de diez libros de poesía, y está trabajando en la tercera parte de Pan-rea’n: Las guerras del norte.

Puntuación:



Es un libro interesante que, junto con su predecesor o sin él, te transporta a un mundo de fantasía que te hará disfrutar plenamente. Yo por mi parte esperaré pacientemente al tercer libro para poder seguir leyendo esta atrayente historia.


domingo, 19 de diciembre de 2010

ELEGÍAS

-Elegía para ti-
Rompiste el encanto de la noche
y me obligaste a mirarte,
quebraste el silencio lejano
y me obligaste a escucharte,
robaste el equilibrio logrado
a base de esfuerzos
y no me pude negar.
Te quería.
En el círculo de mis circunstancias
giraste vertiginosamente,
casi con locura,
pero tú no lo sabías,
solamente yo,
lo sabía yo
porque te empezaba a adorar.
No escuché mi pisada
ni el latido de mi corazón,
no medí la distancia del destino
ni la profundidad del vacío,
no, nada de nada.
Estaba pendiente de ti.
Te echaba de menos,
ese era el problema.
Sin distancia, sin latido,
sin profundidad,
sin ti, sin...
¡Oh Dios!
¿Cómo sería la vida?
Sin ti, ¿cómo sería?
Roberto D.

sábado, 20 de noviembre de 2010

ELEGÍA DE LA LLUVIA

- Elegía de la lluvia-
La lluvia...
esa sensación táctil,
resbaladiza,
quizás anónima,
me recuerda a ti
¿Es importante eso?
Sí, creo que sí;
para mí es importante,
me recuerda algo de ti
que no sabría definir.
Sí... la lluvia,
se lo achaco a la lluvia.
Siempre se busca una justificación
y yo echo mano de la lluvia,
porque ¿sabes?,
ahora está lloviendo,
observo la trayectoria
de cada gota de lluvia
hasta que rompe en el suelo.
Cierro los ojos.
Me parece que en cada gota vas tú,
y la caída es grande,
demasiado grande.
Llueve ¿sabes?
Me pierdo en esa monotonía
recordándote lentamente.
Te imagino ahora mismo
con el pelo mojado,
puede ser ¿no?
La lluvia no respeta.
Cuando llueve
escribo con boli verde,
se me antoja que el color de la lluvia
es verde como el musgo,
como la piel de la rana.
Tasmbién me doy cuenta
que la lluvia me ensimisma,
me metamorfosea,
pero, eso sí,
no me cambia respecto a ti.
Llueve ¿sabes?
Mientras cae la lluvia,
en su monotonía te recuerdo,
te recuerdo... ¿sabes?
Roberto D.

domingo, 7 de noviembre de 2010

ELEGÍAS

-ELEGÍA DEL TODO-
Medité lentamente
la manera oportuna,
dentro del marco del sino,
de rasgar con mis ojos
el velo inabarcable de la luz.
Con el alma prendida
de infinitos alfileres de emoción
abrí los párpados
rodeando ansiosamente
la arbitrariedad del Todo,
del eterno y absoluto Todo...
Mas, ¿qué veo? ¡Dios mío!
En ese implacable Todo
estás tú, inocente tú.
Quizás el árbol,
no, quizás no,
seguro que el árbol crece
cada año una medida,
pero también es seguro
que su tronco,
medido en nudos anuales,
caerá herido mortalmente
por los voraces mordiscos
del hacha metálica.
Es seguro que la vida sigue
pero también parará en un momento
bajo el síncope cardíaco de la guerra;
después seguirá siendo vida.
Sólo el Todo no parará,
y en ese Todo, tú, inocente tú.
Vi una silueta en el tiempo,
en el espacio
y con mis manos
la quise aprisionar,
pero la distancia,
la plaga inestinguible de la distancia
hirió mis intentos.
Si el faro inerte, ciclópeo,
es centinela de galaxias,
y si el barco del deseo
se desliza por esos mundos
empujado con la luz paralela
de ese brazo gigante,
tú has de ser forzosamente
la luz paralela del Todo.
Abarqué el Todo,
y dentro de ese Todo, el TODO,
y dentro del TODO,
¡Oh Dios mío!
Estabas tú, inocente tú.
Roberto D.

domingo, 31 de octubre de 2010

-Elegía de la distancia-
Quisiera comulgar contigo
en la distancia,
en el sol, en la luna,
en los planetas,
en la luz perpendicular del orbe,
porque el sol y la luna
son distancia,
el orbe, todo,
todo es distancia;
y ti te tragó esa vorágine,
esa distancia.
Quisiera tantas cosas...
pero la distancia me frena,
me empuja hacia un muro invisible,
hacia una malla de tiempo y de deseo.
Si no hubiese distancia,
no comulgaría, no,
sin distancia se besa,
se toca, se quiere,
se ama ¡se ama!.
Pero todo está contra mí
y en ese todo, la distancia,
¡siempre la distancia!
¡siempre una barrera!
¡un recuerdo! ¡una imagen!.
¿Por qué? -pregunto-
¿por qué? ¡¿Por qué?!
¿Por qué no ser viento,
rayo de luz, paloma,
y abarcar con mis alas la distancia?
¿Por qué no ser átomo
y estar en cada célula de tu carne,
de tu pecho, de tu alma?
¡Por qué no ser un pequeño dios
y estar siempre contigo
para siempre,
eternamente siempre?
Roberto D.

martes, 12 de octubre de 2010

ELEGÍAS

-Elegía de la desesperación-
Fue demasiado tarde cuando la lluvia
rompió el coro de sus gotas medidas
y a la vez incontables
incidiendo con silencio provocativo
en la oscura hediondez de la charca;
sí, fue demasiado tarde.
Pero ¿qué se podía hacer?
¿Qué era lo que podía hacer
la ceguera circunscrita del cielo?
¿Esconderse tras los rugosos horizontes
de las cordilleras
o tras el incoloro papel del horizonte?
Papel secante, gigante
que debía absorver todos los deseos
acuosos y húmedos del cielo.
Sí, fue demasiado tarde
para volver sobre los pasos andados,
sobre los deseos que alguna vez
tuvieron fugaz vida
en una mente demente y loca,
sobre el mortal bocado del tiburón
en los brazos hercúleos e infinitos
del negro marinero.
Y yo a mi vez me repito
como el eco ciego y transparente
que anida en la roca de la carne:
"¡Sí, amor mío, fue demasiado tarde!"
El árbol seguirá creciendo
por el tunel leñoso de su tronco
y con el tiempo se convertirá en pulpo gigante
o en un deseo prolongado hasta el infinito
¡Hasta el infinito, amor mío!
Cuida tus pies de las voraces mordeduras
de la serpiente,
eso no será demasiado tarde ¡Cuidate!
Mientras yo me metamorfoseo en gramo de aire
para huír por los huecos invisibles
y anidar en alguna molécula de tu carne.
El estúpido tiempo me dice
que es demasiado tarde,
pero yo, que ya soy roca musgosa y quebrada
me digo con lengua papilosa y desatada
que no es tarde ¡amor mío!, no es tarde.
Todos los binomios genéticos y vitales
pueden enloquecer, transformarse en faisán
o en cola mágica que late en corazón ajeno;
pero yo, a pesar del tiempo
y a pesar de todas esas incongruencias,
seguiré diciendo:
"¡Amor mío! Nunca es demasiado tarde,
no quiero que sea demasiado tarde.
Roberto D.

martes, 27 de julio de 2010

PEQUEÑAS HISTORIAS QUE PUDIERON SER

-El tren de cada día- (2ª parte)

Cerré los ojos unos instantes para que el súbito pavor se alejase. Respiré profundo y volví a abrir los ojos. El mismo paisaje de siempre: a la derecha, el mar azul; a la izquierda, pueblos; y más allá, las sierras litorales.
Pero un pensamiento anidó en mi mente:
- ¿A quién buscará hoy la Parca?
Sacudí imperceptiblemente la cabeza musitando:
- Serás bobo ¡vaya cosas te imaginas!
Pero justo a puertas de la segunda estación, se oye un chirrido estridente y un frenazo. Silencio sepulcral que poco a poco se va interrumpiendo con murmullos de protesta. Empiezan a aparecer los móviles en la mano. El mensaje será claro:
- Llegaré tarde.
Quienes van conectados a su música alzan levemente la cabeza como buscando alguna respuesta, al no encontrarla, siguen en su mundo musical. Los de cara de besugo cambian sus facciones, ahora su cara es de mala leche. Los que no se alteran son los lectores, he contado cuatro.
Y entonces comienza la retahíla de preguntas:
- ¿Qué ha pasado?
- ¿Por qué nos hemos parado?
- ¡Joder, otra vez!
- ¡Es que aquí nadie informa de nada!
Al cabo de unos minutos llega el que se suele enterar de todo:
- Ha habido un arrollamiento...
- ¿Que alguien se ha tirado al tren? -pregunta alguno.
- No lo sé. No sé si ha sido un accidente o lo otro.
- ¡Pues sí que estamos buenos! -es el comentario de más de uno.
Mi primera reacción es de cabreo. Me asusto un poco pensando que lo de la ventanilla no había sido una ilusión mía; la Parca realmente había venido a por alguien.
Mi pensamiento se va hacia la víctima. En un principio me digo que si es un accidente, ¡vaya mala suerte! Si por el contrario es un suicidio, bien podría haber buscado la víctima otra manera y no fastidiar a los que cogemos a diario el tren.
Me siento un poco egoísta.
Ahora mi pensamiento se centra un poco más e intenta analizar con más rigor los sucesos a base de reflexiones y preguntas, suponiendo que la desgracia haya sido a causa de un suicidio: ¿Qué clase de suceso puntual tuvo que tener esta persona para llevarle a tan drástica decisión? o ¿Qué clase de vida le ha brindado la propia Vida para que al final esta persona decidiera prescindir de ella, menospreciarla?
¿Tan mal le iban las cosas para llegar a este extremo?
¿Tan acorralado estaba que no vio otra salida?
¿Hasta qué punto llegaba su sufrimiento, su desesperación o su hastío para cortar todo de raíz?
¿Una persona que actúa así, es un valiente o es un cobarde?
¿Cuando tomó esa trágica decisión, pensó en los demás, en los posibles daños colaterales?
¿Tal vez era un solitario y le importaban tres bledos las consecuencias de su decisión?...
Al cabo de una hora, el tren se puso de nuevo en marcha. Todos supusimos que ya había hecho acto de presencia el juez para el levantamiento del cadáver y que, por consiguiente, la vía ya estaba franca.
Sí, aquella mañana todos llegamos tarde debido a una visión a la que no le hice mucho caso en un principio. Pero, claro, la Parca no entiende de horarios y siempre, impertérrita, va a la suya.
-FIN-
Roberto D. (2010)